martes, 17 de diciembre de 2013

Podrido por dentro.


Es difícil escribir empastillado. Es difícil inspirarse bajo la influencia del clonazepam. Pero es fácil tomar una pastilla y es fácil evadir la realidad.
No me gusta pensar. No me gusta pensar en el futuro ni en el pasado. Siempre auguro cosas malas y siempre recuerdo cosas terribles.
También, de vez en cuando, tengo buenos recuerdos. Como la pista de hielo, como el lago menor de Chapultepec, como muchos otros… Ojalá curaran lo mismo que dañan sus hermanos.

Resulta que ahora nuevos retos se avecinan.
Me sorprende a veces la malevolencia que podría alcanzar si tuviera el valor/valemadrismo de cometer algunas ideas locas que se pasean por mi mente.

Desearle el mal a alguien no está bien, sí. Pero cómo resulta satisfactorio imaginarme gritando:
“¡Tu madre ya no está, maldito idiota! ¡Su alma está siendo violada en el infierno por toda la corte de Satán! ¡Morirás solo y triste, y aquéllos que te recuerden lo harán con asco y lástima! ¡Te odio! ¡Que mi odio te marque para siempre ante los ojos de Dios, y que seas repulsivo a su vista! ¡Que su presencia bondadosa se aparte de ti para siempre y que jamás vuelvas a ver la luz de un día jubiloso! ¡Tú miserable alma estará rodeada de tinieblas por siempre!”

Y ahí termina todo.
Imaginar como arden personas en llamas, como son quemadas cada centímetro de su piel con un soplete hasta no dejar nada sin carbonizar, raspar los pedazos chamuscados y untar vinagre en la carne viva. Y si muere de un infarto, usar un desfibrilador para reanimarlo, y darle aceite hirviendo a beber, y reanimarlo cada vez que desmaye del dolor. Y amputarle los miembros y extirparle los ojos, punzar sus oídos con agujas de tejer y arrojarlo frente a un hospital para que le mantengan vivo de una forma cruelmente piadosa.

Tanto odio… Me va a matar u_u
Tanto rencor…
Tanta oscuridad frustrada…
Cómo desearía ser una persona vil y horrible.
¡Cómo tengo hambre de tinieblas!
¡Cómo tengo deseos depravados de abominaciones sexuales!
¡Cómo tengo obscenos pensamientos criminales!

A veces creo que podría convertirme en un psicópata, o en un loco. O no se si estoy enloqueciendo poco a poco, o qué pedo.
Lo que sí sé, es que no quiero ser así. Que de ninguna manera voy a dejar salir eso nunca, aunque me muera de ganas, aunque me retuerza de ansia por cometer actos depravados y filias monstruosas, aunque me esté quemando por dentro la ira y el deseo de una sangrienta venganza, nunca dejaré salir nada. Todo se queda en mis relatos prohibidos, los que nunca subo. Los que se pudren en soledad en un cuaderno oculto. Sólo ahí puedo ser un monstruo libre y sólo ahí puedo dar rienda suelta a mi locura.
No quiero terminar deschavetándome y balaceando a todos, pero por más que trato de zafarme de eso, no se quita. Es como tenerlas pegadas, las sombras. Como  si por más que trato de hacerme pendejo con ideas de gente buena onda, cristiana, panista, conservadora, etcétera… Existiera una parte de mí que desea todo lo contrario.

No sé en qué momento me empecé a convertir en ese ser cuasimaligno, pero sospecho que es la semilla sembrada en mi alma desde hace tantos años y que no le permito germinar.
¿Pero cómo iba a llenar el vacío que deja una inocencia arrebatada por la fuerza a manos de un abominable monstruo? Sólo con tinieblas. Sólo con eso pueden llenarse los vacíos en el alma. Por eso dejan de ser sólo vacíos y se convierten en negros vacíos. Y como son negros, uno ya no puede ver el fondo, y sigue metiendo más y más tinieblas.
He probado algunas cosas que la oscuridad ofrece, y me gustó. Y fue en momentos de depresión y tristeza donde más alimenté el vacío. Con experiencias nuevas que más allá de saciar mi curiosidad, la hacían más grande y más morbosa. Cada vez solía tener deseos de experimentar vivencias más inmundas que las anteriores. Y cada vez, el vacío se hacía más negro y más voraz.
Así, finalmente, senté cabeza. Me detuve abruptamente con una experiencia que me hizo sentir como una especie de criminal. Afortunadamente nunca cometí ni un crimen, ni un delito; pero la moral que en mí quedaba, o al menos el sentido de lo que era bueno, me llevó a decir: “Ya párale a tu pinche pary, vas a terminar empantanado hasta el pescuezo y nadie te va a poder sacar”.
Ahora ese deseo se aviva de nuevo, lo siento escurrirse desde ese agujero hasta mi cerebro. Y aún soy fuerte y tengo la voluntad para detenerlo. Pero una parte de mí se cree confiada, capaz de manejarlo. Pero no quiero perderme. Y no me perderé, aunque me muera de ganas, por dentro, de hacer tal o cual cochinada.

Y aquí estoy de nuevo… Dando lástima.
Me reservaré todo el relato (que transcribiré después), sólo para el cuaderno inmundo, y para mis inmundos adentros. Y para evitar que más oscuridad se escurra de entre mis dedos, mi boca, mis ojos, mis pensamientos… Evitaré recordar, evitaré evocar, pensar, imaginar; como pueda, en mis oscuros deseos más profundos.

Que el universo siga su curso, que castigue a quién tenga que castigar sin mis horribles injurias, que me deje alucinando y que me aleje de las negras, seductoras sombras; por más ganas que tenga de abrazarme a ellas.
u_u

Tenías razón, buen amigo. Estoy podrido por dentro. Hiciste bien en alejarte.

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