Hay en mi
mente un enjambre
Un enjambre
de ideas y pensamientos
Apacibles,
plácidos, dormidos
Que despiertan
al más mínimo silencio
Que zumban
cual moscardones
Cuando no
hay más distracciones
Me susurran
al oído fatalidades diversas
Me pintan
pesadillas con sus alas asquerosas
Abejas,
moscas, avispas y cigarras
Zumban por
mi mente, en rededor
Y con sus
alas hacen notas musicales
De un escalofriante
y fatídico estertor
Me hacen ver,
repulsivamente obsceno
El sexo que
tendrías con alguien más
Que a mí
nunca me has compartido
Y que quizás
nunca lo harás
Me hacen
oír, trágicamente lastimero
Un te
extraño, un te pienso, un te quiero
Que escapa
de tus labios mentirosos
A oídos de
un amor desconocido
Y en medio
de todo ese vendaval
En el centro
de tan triste sinfonía
Se revuelca
de dolores y agonía
El amor que
por ti he de rescatar
Y el
enjambre enfurecido
Bate sus
alas sin cesar
Me mantiene
entumecido
Su malévolo
danzar
¡Ay de mí! Que
aterido
Busco
alejarlo sin parar
Y sin
embargo, inútilmente
Tu nombre no
dejo de clamar
Y el
enjambre, colérico y feroz
Arremete sobre
mi pobre corazón
Picando tantas
veces tú recuerdo
Con su agujón
emponzoñado
Que al
tratar de protegerte
También yo
he sido picado
Intentando
salvarte inútilmente
Terminé también
envenenado
Y ahora te
odio…
Te odio por
todos esos besos fantasmales
Por esas
caricias que me fueron robadas
Por esos
suspiros que no iban hacia mí
Todos ellos,
actos inexistentes
Pero tan
vivos, tan nítidos, tan crueles
La maldad
que ahora amuralla mi castillo
Me protege
del enjambre y su castigo
Pero también
me aleja de ti…
Y entonces
escucho tu voz de nuevo
No hay más
silencio atronador
El enjambre
se disipa una vez más
Y regreso
contento a tu candor
Te miro ahí,
en la pureza plena
Con tu
sonrisa de siempre, tus ojos profundos
Tus labios
amigables, tus manos tibias
Tu mirada
tierna, tu alma cálida
Dulce bálsamo
de mí atrofiado corazón
Panacea bendita
de mi maldición
Que tu luz
disipe las tinieblas de mi locura
Que diezme
la terrible tortura…
Mi paranoia
se ha ido, como el zumbar
Y con ella
el enjambre también se ha recluido
Lejos, muy
lejos de tu apacible andar
Que a tu
lado yo disfruto con sincera claridad
No te
calles, amor mío, no pares de hablar
Aunque de tu
boca solo manen mentiras
No permitas
que el silencio vuelva mi alma a reinar
Y el enjambre
enfurecido me vuelva a torturar
No guardes
silencio, no dejes de andar
Comparte tu
luz y disipa mi pesar
Que cual
antorcha, vida mía, yo he de acercarme
A calentar
mi corazón y a curarlo del enjambre
No permitas
que el silencio atronador
Invoque de
nuevo a la terrible legión
Pues me odio
cada vez que pueda odiarte
Después de
haberme enfrentado al batallón
Déjame verte
una vez más
Déjame besarte
una vez más
Déjame decirte
una vez más
Que te
quiero como un loco sin razón
Y que mi
joven viejo cicatrizado corazón
Aún soporta
mil embates de criaturas
Pero soy yo,
amor mío, quien procura
No volver a
escuchar aquél horror
Pues el
enjambre aguarda
El enjambre
acecha
El enjambre
espera
La llamada
del silencio de tu amor


Las mariposas que en su día volaron en tu estómago, ahora son larvas que se revuelcan en tu escoria alzando sus cabezas ciegas... sin ojos... esperando nueva carroña que las engorde...
ResponderBorrarCasto Divo