domingo, 11 de agosto de 2013

El enjambre


Hay en mi mente un enjambre
Un enjambre de ideas y pensamientos
Apacibles, plácidos, dormidos
Que despiertan al más mínimo silencio

Que zumban cual moscardones
Cuando no hay más distracciones
Me susurran al oído fatalidades diversas
Me pintan pesadillas con sus alas asquerosas

Abejas, moscas, avispas y cigarras
Zumban por mi mente, en rededor
Y con sus alas hacen notas musicales
De un escalofriante y fatídico estertor

Me hacen ver, repulsivamente obsceno
El sexo que tendrías con alguien más
Que a mí nunca me has compartido
Y que quizás nunca lo harás

Me hacen oír, trágicamente lastimero
Un te extraño, un te pienso, un te quiero
Que escapa de tus labios mentirosos
A oídos de un amor desconocido

Y en medio de todo ese vendaval
En el centro de tan triste sinfonía
Se revuelca de dolores y agonía
El amor que por ti he de rescatar

Y el enjambre enfurecido
Bate sus alas sin cesar
Me mantiene entumecido
Su malévolo danzar

¡Ay de mí! Que aterido
Busco alejarlo sin parar
Y sin embargo, inútilmente
Tu nombre no dejo de clamar

Y el enjambre, colérico y feroz
Arremete sobre mi pobre corazón
Picando tantas veces tú recuerdo
Con su agujón emponzoñado

Que al tratar de protegerte
También yo he sido picado
Intentando salvarte inútilmente
Terminé también envenenado

Y ahora te odio…
Te odio por todos esos besos fantasmales
Por esas caricias que me fueron robadas
Por esos suspiros que no iban hacia mí

Todos ellos, actos inexistentes
Pero tan vivos, tan nítidos, tan crueles
La maldad que ahora amuralla mi castillo
Me protege del enjambre y su castigo

Pero también me aleja de ti…

Y entonces escucho tu voz de nuevo
No hay más silencio atronador
El enjambre se disipa una vez más
Y regreso contento a tu candor

Te miro ahí, en la pureza plena
Con tu sonrisa de siempre, tus ojos profundos
Tus labios amigables, tus manos tibias
Tu mirada tierna, tu alma cálida

Dulce bálsamo de mí atrofiado corazón
Panacea bendita de mi maldición
Que tu luz disipe las tinieblas de mi locura
Que diezme la terrible tortura…

Mi paranoia se ha ido, como el zumbar
Y con ella el enjambre también se ha recluido
Lejos, muy lejos de tu apacible andar
Que a tu lado yo disfruto con sincera claridad

No te calles, amor mío, no pares de hablar
Aunque de tu boca solo manen mentiras
No permitas que el silencio vuelva mi alma a reinar
Y el enjambre enfurecido me vuelva a torturar

No guardes silencio, no dejes de andar
Comparte tu luz y disipa mi pesar
Que cual antorcha, vida mía, yo he de acercarme
A calentar mi corazón y a curarlo del enjambre

No permitas que el silencio atronador
Invoque de nuevo a la terrible legión
Pues me odio cada vez que pueda odiarte
Después de haberme enfrentado al batallón

Déjame verte una vez más
Déjame besarte una vez más
Déjame decirte una vez más
Que te quiero como un loco sin razón

Y que mi joven viejo cicatrizado corazón
Aún soporta mil embates de criaturas
Pero soy yo, amor mío, quien procura
No volver a escuchar aquél horror

Pues el enjambre aguarda
El enjambre acecha
El enjambre espera
La llamada del silencio de tu amor

1 comentario:

  1. Las mariposas que en su día volaron en tu estómago, ahora son larvas que se revuelcan en tu escoria alzando sus cabezas ciegas... sin ojos... esperando nueva carroña que las engorde...

    Casto Divo

    ResponderBorrar