Dicen que en alguna parte de la jungla indómita de éste mundo hermoso, existen unos changuitos que viven en los árboles. Cierta tribu de aborígenes se alimentan de esos changos y, para atraparlos, agujeran un coco y lo rellenan de bocadillos. El monito, al meter la mano y querer sacar los dulces, se ve acorralado por los cazadores. El chango intenta huir pero como no suelta los dulces, al no poder sacar su mano del coco, éste entorpece su huida y los cazadores pueden darle matarile.
Supongamos ahora que yo soy el changuito, y que el dolor y la tristeza son mis cazadores. El coco es todo el resentimiento y los dulces, el rencor que llevo juntando desde quién sabe cuándo. Hoy me hice una pregunta: ¿Para qué seguir cargando eso?
Pues bien... es hora de abrir la manita, de dejar esos dulces y sacar mi mano del coco que entorpece y me estorba en la vida.
Ya los cazadores tendrán que vérselas más difícil para atraparme; Y es que, como dice Shakira, "...No se puede vivir con tanto veneeeeenooooo...".
Perdonarse a si mismo para poder perdonar.
Poco a poco, intento ser mejor persona.
Hace 13 años.


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