jueves, 1 de enero de 2015

Feliz 2015.

El año 2014 fue una mierda. Tuvo sus momentos chidos, como que por fin conseguí empleo y terminé mi carrera. Lo malo es que todo eso se fue opacando por pendejadas personales que estuve cargando por ¡un año entero!

No puede ser que varias veces a la semana me la haya pasado pensando en estar en un lugar del universo que no me corresponde. Ya estoy harto de estar a la espera de que se cumplan sueños estúpidos. Me encargaré de invertir mi tiempo en cosas más importantes y enfocaré mi mente en protegerme de la gente que dice que puedes confiar en ella y en cultivar mi autoestima. Todos decepcionan tarde o temprano, incluso uno mismo; es por eso que no se puede creer en ¡NADIE!

Despido al 2014, desde mi casa y sin festejo, con un escupitajo y una megamentada de madre. Lo único que me dejó fueron un montón de cicatrices y sueños rotos. ¡Juro que jamás volveré a permitirme sentir cariño por alguien o abrir mi corazón en menos de cinco meses! La confianza es algo que debe ganarse con el tiempo. ¡A la verga confiar los secretos y experiencias de vida! Nunca jamás, ¡EN MI PUTA VIDA!, volveré a ser un libro abierto.

No lloraré al final, por no estar donde quería y con quien quería. Ya he llorado lo suficiente... Ahora, al igual que nuestro planeta realiza el milagro de completar su órbita solar; así yo debo finalizar la órbita de mi cabeza en torno a un asunto que nunca tuvo, ni tiene, ni tendrá futuro. Y ahora que acepto de una vez por todas lo realmente insignificante y poco importante que siempre fui, sólo queda seguir adelante. Me prometo jamás permitir que alguien vuelva a hacerme pedazos la autoestima con el fin de ver que pasa, no volverán a picar para ver que sale porque no tendrán con qué hacerlo. De ahora en adelante seré hermético y no habrá nadie que sepa cómo tocar mi corazón.

Este pinche año de mierda que ha llegado por fin a su ocaso, sólo me agrió. No tengo nada que agradecerle. Solo deseo que quede enterrado en el pasado con todo y las vicisitudes que trajo consigo.

¡Hasta nunca! Maldito año de mierda.

A quienes si tengo cosas que agradecer, es a mis amigos. A aquéllos que estuvieron cerca y al pendiente, aquéllos que notaron en mis ojos la tristeza y la alegría, y quienes la compartieron conmigo. A ustedes les agradezco un año más de maravillosa amistad.

Por todo lo demás, no somos más que partículas insignificantes de polvo que flotan en el infinito universo. ¿Por qué habría de preocuparme tanto? Pero es que ¡Ay! Soy humano, y mi alma... mi pobre alma pendeja y romántica, ¡cómo le gusta hacerse daño!

¡Ah! Quizás si hay algo que deba agradecerle al maldito 2014, y esto es una lección: no se puede confiar del todo en las personas.

Quizás esto me sirva en el futuro. Así que, después de todo, gracias... Pero vete a la verga, pinche año culero.

Así que recibo al 2015 agriado y duro (y por lo tanto, frágil), pero con mucho entuciasmo de que, en el camino, hallaré motivos para encontrar la dulzura que en mí ha mermado y para perder la dureza y fragilidad que adquirí, y poder cambiarlas por tenacidad y resiliencia. Siempre he sido optimista, y es este optimismo estúpido lo que me hace ser perseverante, necio, terco y tozudo. Un día aprenderé a darme por vencido antes de comprometer demasiado mi salud mental, ese día se acerca; pero hasta entonces no dejaré que ninguna cosa me tumbe.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario