Es increíble el poder que tiene una foto.
Según un mito, las fotos tienen el poder de capturar un poco de nuestra
alma. Imagino que una pintura también puede hacerlo, incluso un escrito donde
estemos mencionados.
Mañana, o mejor dicho, en un rato, es la toma de foto generacional. Me
siento triste. No estoy motivado ni emocionado. Me siento culpable, porque
saldré en una foto que no es mi foto. Mi rostro estará entre muchos rostros ajenos
a mí. Seré algo así como un residuo de una generación que ya trabaja, que ya está
libre de ataduras. Yo me siento como la representación del fracaso en esa foto.
¿Pero que nadie piensa en mi historia? En el cómo un enamoramiento enfermizo y
horrible me llevó a dejar de entrar a muchas clases, de cómo una depresión
asquerosa me hacía irme a otros lados, o simplemente a ver pasar los días en la
cafetería... No hay pretextos; fue mi elección. Así las cosas debían ser,
porque así fueron, no podían ser de otra manera. Aprendí, sí, a mí ritmo...
pero hubo un precio: la sensación de estar rezagado. ¡Yo era alguien aplicado!
Era...
Y ahora que al fin, después de tantas porquerías y obstáculos, consigo el
momento soñado de la toga y el birrete... me es insípido.
¿Por qué?, No lo sé. Sólo sé que al rato estaré parado, sonriendo entre
extraños, pensando en lo lindo que habría sido sonreír con mí generación, en mí
foto.
De las fotos que han impactado más en mi memoria es en donde estoy con ella,
en el concierto de iron maiden, donde en mis ojos se ve un brillo hermoso
porque estoy con ella; el viento sopla nuestras caras, mi cabello, en ese
entonces largo, parece un corte moicano medio extraño; o aquélla donde estamos
todos, los seis, en nuestra primera cena de navidad, después de una navidad de
llantos y en la que terminé como en todas, cenando solo frente a bellatrix; o
esa donde salgo con él en los dinamos; o aquélla en la que se aprecian sus
risas en el bosque mientras cotorreamos; o sea que nunca figuró en mis
archivos, y que nunca volveré a ver, donde salíamos juntos en un bar del centro
con una luz roja.
Por algo pasan las cosas.
Es increíble el poder que tiene una foto, porque más vale una foto de tinta
corriente, que la memoria más prodigiosa. Y a mí me gusta recordar mis buenos
tiempos. Espero que el recuerdo me dure mucho tiempo, y espero que para ese
entonces, no lo evoque con amargura.
Hasta entonces, colgará en mi pared, mostrando aquél momento que he soñado
desde niño; usando una toga y un birrete, sabiendo que lo logré.
¡Es mi logro! Y habré de disfrutarlo. Espero que esta pinche depresión se
muera en el transcurso de la noche.
¡Huelum! ¡Huelum! ¡Gloria!
Hace 13 años.


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