martes, 15 de abril de 2014

Luna Roja



He visto la confianza y los secretos, la piedad y el sadismo, la avaricia y la generosidad.

He visto el dolor, la dicha, la violencia, la risa. Mis ojos son testigos de los actos de los hombres, y de sus sentimientos, testigo es mi corazón.

Yo he presenciado el vaivén de los vientos, de la lluvia, del día y de la noche.

He observado las pasiones de los hombres, sus miedos, sus sueños, sus anhelos.

He sido testigo de la justicia y la injusticia, del crimen y del castigo, de la recompensa y de la indiferencia, y conozco también a los justos, a los injustos, a los inocentes, a los culpables y a aquéllos a quienes la justicia huye.

Yo conozco la verdad y la mentira, el frío y el calor, la luz y las tinieblas.

Pero esta noche, ¡oh hermosa luna!, te veo a ti, sin tu máscara de blanco, ni tu vestido de luz, ni el halo de sueños y esperanzas.

Esta noche, te observo como ha de observarse una estrella, sin ser estrella. En las tinieblas, lejos de la luz del sol.

Y en cuyo seno, en cuyo negro y aterciopelado seno, puede apreciarse el verdadero brillo de un cuerpo celeste.

Te veo ahí, te conozco ahí, libre, verdadera; sin blancas máscaras ni vestidos amarillentos, como cuando te pones llena y luces de gala.

Te observo, te aprendo, te interpreto, ahí desnuda, en las tinieblas, como ha de apreciarse una estrella, sin serlo.

Y observo finalmente tu verdadero rostro: El rojo. El color de la sangre, del amor, de la guerra.

Observo tu majestuosa fuerza, tu poder cambiante, tu cruel pasión, tu maternal cobijo. Tu deseo de dar amor y hacer la guerra a quienes se opongan.

Observo... Aprecio... Porque al verte ahí, desnuda y libre, comprendo y aprendo tu misterio; tu hermosa malevolencia, tu siniestra bondad, tu increíblemente bella dualidad en el cenit de tu maravillosa naturaleza.

Madre severa, cruel, pero protectora y amorosa. Te veo, te siento; y en mi corazón yace el deseo por la verdad.

Trae a la luz aquéllos secretos que mi corazón más oculta entre las sombras, y envía a las tinieblas todo lo que alguna vez brilló con el fulgor de la verdad.

¡Oh cruel y sádica amante! Dame la fuerza para enfrentar el cambio. Dame la fuerza para cambiar también, y adaptarme.

Que esta noche hermosa y siniestramente bella, traiga consigo nuevas verdades, y se lleve antiguos paradigmas.

Te invoco a ti, Luna, porque al igual que mi alma, ocultas tu verdadero color tras una blanca mascarada, y esta noche, al igual que mi alma, eres libre de mostrar tu otra faceta.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario