Caminaba en la calle de esta ciudad
Bajo la tutela del oscuro cielo
Mirando a todos felices con la Navidad
Quienes brindaban y comían con sosiego
Y sin pensar, que allá en el frío
Un corazón se congelaba, como el mío
Que había perdido su calor en el invierno
Sometido a la frialdad de este infierno
Aterido por el frío continué con mi camino
Y al pasar por las casas miré a todos sonreír
Tan juntos, tan felices, tan risueños de estar ahí
Con sus familias y amigos, compartiendo su destino
Una carcajada había salido de mi boca
Pues gracia me provocó, por un momento,
Ver a todos tan unidos y contentos
Me burlé de la simpleza que su alegría provoca
Estar juntos y cenando, con amigos y conocidos
A pesar de ser los pobres, marginados, derrotados…
Todos ellos eran felices en esa gran concilia
Porque tenían alguien a quien llamar… Familia
Reí de nuevo, al pensar, que era eso suficiente
El gran motivo para festejar era ser siempre sonriente
Jovial y educado, agradecido y ameno
Como si eso pudiese darles todo el dinero
Y después pensé, mientras caminaba
Que a pesar de ello, ellos se amaban
Y mire dentro de mí, la cuestión que me preocupaba
¡Yo no tenía familia, ni amigos, ni nada!
Maldecía con mil demonios las familias
Y a todos ellos con envidia miraba
Y al pasar un rato, cegado por la ira,
Comprendí que nada de eso mi tristeza mellaría
¿Pero qué hacer esta noche? Yo solo y olvidado
En compañía de mi sombra y el fantasma de mi pasado
Y recordé que alguna vez… en algún lado
Yo tuve unos amigos y un ser amado
Llegué a casa acongojado, comprendiendo este cruel juego
Encendí la chimenea y saque mi caja de recuerdos
Y mire dentro de ella, frente al fuego,
Los hermosos y cálidos, pero distantes momentos
Recordé aquél amigo y aquél beso inolvidable,
Mi niñez y adolescencia y mi verdadera esencia
Mi familia, mis amigos… todos ya distantes
Sin poder disfrutar de su hermosísima presencia
Recordé a Lucero, mi amada de toda la vida
Y recordé, también, su funeral y su despedida
Recordé a Ulises, mi viejo y amado amigo
Y recordé el frío de sus manos, que la muerte trajo consigo
Recordé el último beso de mi difunta esposa
Y el último abrazo de mi ausente mejor amigo
Recordé las últimas palabras que me dijo al oído
Y las últimas palabras de mi amada, que hoy reposa
Y después, tras mucho tiempo llorar
Recordé por qué aborrecía la Navidad
Todos se habían ido y yo no tenía a quien dar
Mis buenos deseos ni compartir mi felicidad
Y los odié a todos, de nuevo, por brindar
En esta maldita y aborrecible Navidad
Todos juntos, y contentos, con sus familias comiendo
¿Y yo? Solo, en esta gran soledad, muriendo
El espíritu de la Navidad tocó sus corazones
Pero solo porque ellos tienen a quien dar
El amor a manos llenas y a montones
En esta triste y odiosa Navidad
¿Feliz Navidad?...
No lo creo, no existe la navidad para los corazones muertos
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Pues bueno, un poema navideño que escribí hace tiempo, ya saben, muy a mi estilo amargo jejeje
Cuidence y feliz navidad.
Hace 13 años.


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